Un estudio de la Universidad de Utrecht (Holanda) revela que la testosterona aumenta los niveles de suspicacia en la gente. De acuerdo a la investigación, una docena de mujeres recibió una dosis de medio miligramo de testosterona. Acto seguido, se les mostraron varias fotografías para que juzgaran cuán confiables se veían las personas en los retratos. El resultado mostró que la confiabilidad se redujo a la mitad, y que el efecto fue considerable en mujeres que son normalmente engañadas.

La testosterona es una hormona vinculada con la agresión, la competetitividad y el estatus social. Jack van Honk, psicólogo responsable del experimento, sospecha que la testosterona sólo tiene este efecto en personas poco alertas, pues en individuos cautelosos, la dosis extra los haría parecer tan paranoicos que los aislaría socialmente. Van Honk confía en que los resultados ayuden a desarrollar tratamientos. "Podría ser importante para aplicaciones en ciertos padecimientos psiquiátricos, como el desorden de ansiedad social", explica.

Pranjal Mehta, psicóloga de la Universidad de Columbia, opina que el estudio apoya la idea de que la testosterona influye en la motivación social y en la percepción, aunque señala que "es crítico probar el efecto de la hormona en contextos sociales del mundo real". Mehta sugiere que los estudios futuros sobre testosterona deben apuntar hacia comprender cómo decrece la confianza en otros individuos en situaciones de competitividad.