Después de cuatro meses, hoy he revisado mi cuenta de correo de la universidad. Una de las bondades (?) de la institución donde estudié es que mi dirección de correo es vitalicia. No encontré ni un sólo correo interesante, ya que como egresado, poco me importa si subió el precio del menú de la cafetería y otras minucias de carácter interno. Así que estoy en la encrucijada de mantenerla vigente o mandarla al traste.

El correo electrónico no sólo es una herramienta importantísima para nuestro trabajo cotidiano, sino que son parte esencial de nuestra identidad digital. Pensemos, por un momento, en las cuentas de correo que hemos tenido (y tendremos) durante nuestra vida. Mi primer correo, por ejemplo, tenía por nombre de usuario algo como askin4pp (a mí me parecía gracioso a los 11 años). Con el tiempo, uno va cambiando de direcciones, sea para tener una dirección "más seria", o porque otro servicio de alojamiento nos convence más.

El número de cuentas de correo electrónico que cada quien mantiene es *subjetivo. Hay quien concentra todo en una sola dirección de e-mail; y quienes, al contrario, tienen una dirección específica para cada aspecto. En mi caso, por ejemplo, yo mantengo una cuenta de correo personal y mi cuenta de correo en Hipertextual. Durante un tiempo, también usaba con regularidad una personal para asuntos del centro de investigación donde trabajaba (además, me encargaban la cuenta de correo corporativa), y mi correo de la universidad.

En general, procuro no sobrepasar de tres o cuatro por una cuestión de practicidad. Aunque también tengo otro par de cuentas que me han dado en otros sitios donde trabajo, pero ni siquiera las utilizo. Como dije, las cuentas de correo son parte de nuestra identidad en la red. El número de cuentas refleja, de cierto modo, cómo dividimos nuestros aspectos de la vida. Hay quienes, incluso, mantienen una cuenta secreta que sólo ellos saben con qué oscuro motivo la mantienen alejada del mundo.

Cada quien decide cómo administrar su correo --- e indirectamente, cómo manejar su actividad en línea, y qué caras mostrar en el ciberespacio. Así que mi única recomendación antes de abrirse un correo nuevo es que definan cuáles son los ámbitos que requieren cierta diferenciación. Yo aconsejo hacer la distinción entre la cuenta personal y la laboral (sobre todo si habrá empresas u otros agentes que les contacten). Después de todo, una buena administración del correo electrónico mejora la productividad, y en muchos sentidos, hace un poquito más fácil la vida en línea.

Y ustedes, ¿cuántas cuentas de correo mantienen?

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