En nuestras novelas y películas distópicas favoritas hay un escenario que se repite: **las grandes corporaciones dominan el mundo, nada puede hacerse sin su beneplácito**. ¿Es en nuestras novelas y películas, verdad? ¿Estamos seguros de que no está **ocurriendo ahora**? Al parecer hay informaciones —de primer orden, en plan **CBS y Huffington Post**— de que los guardacostas estadounidenses [están ayudando a empleados de BP a impedir que los medios se acerquen a, filmen o documenten de cualquier manera el derrame de crudo del Golfo de Mexico](http://www.huffingtonpost.com/2010/05/19/bp-coast-guard-officers-b_n_581779.html).

El problema **no es que los guardacostas impidan el acceso a las zonas afectadas**: las razones para ello pueden ser muchas, la mayoría de ellas sensatas. Puede no ser seguro, pueden no querer alarmar a la población antes de tener datos confirmados y finales… El problema es que cuando reporteros de la CBS preguntaron a los guardacostas **por qué razón no podían acceder a la zona en cuestión**, su única respuesta fue «Son reglas de la BP. **No nuestras**.»

Evidentemente **este es un problema que afecta a los estadounidenses**: es su soberanía la que se está cediendo a favor de los intereses de una empresa privada, y es la libertad de expresión en su territorio —ya bastante maltratada por la PATRIOT Act— la que está en entredicho. Pero también es representativo **de una tendencia que llevamos mucho tiempo viendo**: se anteponen los intereses de cualquier empresa privada a las de los ciudadanos

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