Ya vimos un gráfico con las ganancias de Microsoft y qué parte de esas ganancias aportaban cada uno de los productos de la compañía, allí veíamos que Windows 7 está funcionando muy bien, sorprendentemente bien de hecho, si se tiene en cuenta lo impopular que fue su predecesor, Windows Vista.

Y precisamente ayer Peter Klein, el presidente financiero, informaba de que han alcanzado los 90 millones de copias vendidas de la última versión del sistema operativo, 30 más desde que cerrasen el año con 60 millones. Esto les ha supuesto un ingreso de 6.900 millones de dólares y una previsión de recuperación del gasto empresarial en tecnología para el año 2011.

Más allá de los datos en bruto, a mí me interesa más analizar qué se esconde detrás de este ¿sorprendente? éxito cosechado con Microsoft. El terreno de los sistemas operativos siempre ha sido muy peliagudo, y que cada usuario defiende el suyo a capa y espada, pero aparte de las virtudes y los defectos de Windows, que tiene de ambos, un número tal de ventas lo que está revelando por primera vez es, creo, un auténtico intento de Microsoft por adaptarse al mercado.

En mi opinión hasta bien entrada la primera década del siglo XXI a Microsoft le tocaba jugar la carta fácil, la de una compañía que tiene el monopolio y que se encuentra tan cómoda en esa posición que no se preocupa en exceso por innovar. Conforme iba pasando el tiempo esas tornas poco a poco van cambiando, con el aumento de presencia de los Macs, por ejemplo, o con su poca capacidad para adaptarse a los nuevos mercados internet (que de hecho es todavía el sector que más pérdidas les produce). Y de repente, con el batacazo en ventas y en popularidad que supuso Vista, Microsoft se pone las pilas e intenta tomar las riendas de nuevo.

Se da cuenta de que el futuro pasa por Internet, lanza Bing, se alía con Yahoo!, demanda a Google e intenta potenciar su popular Office orientándolo a la nube y finalmente presenta Windows 7 que no sólo está funcionando muy bien, es que no es un mal sistema operativo, algo que no puede decirse de todos los Windows, precisamente. ¿Marca esto un cambio profundo en el seno de Microsoft? ¿Hay que dejar de mirarlo como el bad guy del ámbito tecnológico para intentar apreciar sus esfuerzos por adaptarse? ¿Qué opináis?

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