Sheldon Cooper tiene 40,640 seguidores. Leonard Hofstadt tiene 19,809. Rajesh Koothrappali tiene 18,888. Howard Wolowitz tiene 17,461. Los cuatro son protagonistas de la serie televisiva The Big Bang Theory. Y ninguno de los cuatro existe en el mundo real. Son cuentas ficticias creadas por los estudios de televisión. Bienvenidos al mundo del metaentretenimiento.

Muchas productoras han entendido el gran potencial de Twitter como una herramienta de mercadotecnia, y han desarrollado nuevos caminos para aumentar la experiencia del usuario. Los metaversos -universos construidos a partir de un filme, una serie de TV, o un libro- no son una novedad: ahí tenemos a los juegos de rol, los fanfics, el cosplay. La vastedad de estos universos ficticios detona la imaginación del espectador, que busca prolongar estos mundos hasta el límite. La mercadotecnia ha entendido este deseo lúdico y la aprovecha para acrecentar la popularidad.

Así, Twitter se convierte en una plataforma ideal para explotar el metaentretenimiento. No importa si los perfiles que se siguen son reales, porque de entrada, nada de lo que acontece en la pantalla de TV lo es. No, lo que se desea es ingresar a un mundo alterno, así que la realidad se puede ir por un caño. No se sabe quién está detrás de la cuenta -quizá un mercadólogo, quizá un guionista- pero no importa. El éxito radica en que los personajes se desenvuelven dentro de su psicología, en un juego de alteridad que nos divierte.

Las productoras han entendido que pueden romper la cuarta pared a través de Twitter. De este modo, los personajes interactuan con los usuarios, discuten entre sí, comparte ligas, comentan. Han tomado un poco de cada una de las manifestaciones lúdicas, las han metido en la licuadora, y el resultado es asombroso. Lejos de ver al anonimato como una desventaja, la han sabido convertir en una virtud, en un experimento que fideliza a la audiencia.

En América Latina sólo conozco el caso de Tweetlibros, impulsado por la cadena de librerías Gandhi en México. En esta iniciativa, se busca recrear mediante conversaciones de Twitter clásicos de la literatura. Más allá del debate sobre la narrativa, queda el esfuerzo por obtener un acercamiento diferente. Después de todo, ¿a quién no le parece entretenido seguir al Principito de Saint Exupéry en sus periplos o leer los comentarios obsesivos del Dr. Cooper?