Hace unos días surgió en la twittósfera mexicana una iniciativa denominada Proyecto FollowBack. La idea es incrementar sustancialmente el número de personas que te sigue a través del uso de listas. La dinámica es simple: preguntas en tu timeline quiénes estás dispuestos a seguir indistinamente a cualquier usuario que les siga, los añades a una lista, y la promocionas con el hashtag #listafollowback. El punto central es romper la asimetría característica de Twitter, y evitar lo que algunos usuarios denominan twittdivos (personas con un número de seguidos significativamente menor al de seguidores).

Muchos usuarios han saltado en contra de la iniciativa, argumentando que una de las ventajas de la red social es esta libertad para seguir o no a determinado usuario. Evan Williams, creador de Twitter, señalaba a la asimetría como una de las virtudes del servicio: "Algo que no me gustaba de las redes sociales eran las situaciones incómodas que provoca el friend request (...) lo que quiero es que Twitter sea más como bloggear, donde los lectores prestan atención a lo que verdaderamente les gusta".

Argumentando que promueve la interacción, al Proyecto FollowBack le sale el tiro por la culata. ¿Cuántos usuarios puedes tener en tu timeline sin saturarte, prestándole atención a lo que publican? ¿100, 200, 500? Cada quién tiene su estándar. En ese sentido, las listas han venido a relajarnos mucho. Se pueden seguir a algunos usuarios interesantes mediante listas sin necesidad de retacar el timeline. Esta masificación puede provocar que la cuenta sea prácticamente ilegible, y que encontrar información útil o interesante sea como buscar una aguja en un pajar.

Aquí es donde nos duele el ego. Aceptémoslo: no todos los usuarios son de nuestro interés, ni lo que pongamos le interesa a todo mundo. Por ejemplo, uno de mis criterios para seleccionar a quién sigo es una ortografía aceptable. Otro puede elegir gente que sólo hable de determinados temas. Cada cabeza es un mundo. Twitter se trata de gente, no de números; se trata de personas, no de rating. Pensar lo contrario es dejarse llevar por el ego, el exhibicionisimo, o peor aún, valorarnos a nosotros mismos en relación con el número de personas a las que (aparentemente) les interesamos. Los usuarios no se coleccionan como pokémones.

Sin embargo, sí considero que el Proyecto FollowBack sí podría servir para usuarios nuevos. Imagina entrar y no conocer a nadie. En ese caso, podrías añadirte a una lista, garantizarte un número de seguidores, y comenzar a interactuar. A partir de ahí, el usuario ya puede depurar a quiénes y a cuántos sigue, así como establecer redes de contacto con otros. Quizá por ahí habría una oportunidad, en convertirlo en una especie de starter-kit. De otra forma, acumular por acumular es una cuestión de ego, no de interacción. Se trata de un contrato firmado, una relación forzada, un MAD llevado a la ínfima potencia: si me borras, te borro. Con todo respeto, prefiero a un seguidor bien ganado que me lee porque quiere, a tener cientos y cientos por compromiso.