¿Cómo va a explotar un pantalón?" se estarán preguntando muchos tras leer el título de este post. Pues efectivamente los pantalones si que pueden explotar (bueno, más o menos) y para demostrarlo por aquí vengo con otra de esas historias en las que la realidad supera a la ficción, la cual circula por ahí desde hace tiempo pero que personalmente no conocía (y seguramente al igual que yo otros muchos).

Los hechos que nos ocupan tuvieron lugar a principios del año 1930 cuando la intranquilidad y el miedo se extendieron entre los rudos ganaderos y agricultores neozelandeses ya que, sin razón aparente, los pantalones de muchos de ellos estallaban en virulentas llamas. Una auténtica “epidemia de pantalones explosivos” avanzaba dejando tras de sí heridos de diversa consideración e incluso muertos, ¿qué estaba pasando?

El enigma no duró mucho ya que rápidamente se dio con el causante de este misterio que traía de cabeza a esta buena gente de campo: un herbicida cuyo principal ingrediente era el clorato de sodio, sustancia que al combinarse con materiales orgánicos (como las fibras de algodón y lana de los pantalones) da como resultado una mezcla altamente inflamable que necesita muy poco para arder. Bien, tenemos al culpable, pero la lógica nos indica que aún quedan varias preguntas sin responder y principalmente una: si este herbicida era tan peligroso ¿cómo es que los agricultores y ganaderos empezaron a comprarlo en masa?

Para responder a esa pregunta hay que retrotraerse hasta la década de 1920 cuando la ganadería lechera en Nueva Zelanda empezó a extenderse por el país, al mismo tiempo que también lo hacía una plaga de una planta tóxica para el ganado bovino, conocida como Hierba de Santiago. Dicha nueva industria, la de la ganadería lechera, no paraba de crecer y cuanto más lo hacía más urgía dar con algo que exterminara de una vez la maldita hierba perjudicial para el ganado.

Finalmente en 1930 un funcionario público del Departamento de Agricultura escribió un artículo en el que comentaba que existía un herbicida infalible contra la Hierba de Santiago, el cual todos los ganaderos se lanzaron a comprar nada más leer el texto. Sí, efectivamente como estáis pensando ese es el herbicida que convirtió los pantalones de los agricultores en bombas incendiarias.

Para terminar comentar que los geniales Cazadores de Mitos (Mythbusters en inglés) realizaron una completa investigación sobre esta historia en uno de los capítulos del programa, concretamente en el titulado “Exploding Trousers, The Great Gas Conspiracy”, que os recomiendo ver y gracias al cual servidor conoció esta historia (y otras muchas).