La alianza diplómatica entre Estados Unidos y Google podría tener consecuencias indeseables para la empresa en el escenario internacional. Google se ha ido involucrando poco a poco en el concierto geopolítico, y su incursión en un terreno desconocido le acarrea muchos riesgos. EE.UU ve en Google un compañero poderoso, ya que el buscador funciona como un poder de facto contra los gobiernos represivos.

Google -y más recientemente Facebook y Twitter- enarbolan la bandera de la libertad de expresión y la defensa del libre tránsito de la información. Un noble propósito, sin duda, pero la situación se torna peliaguda cuando implica hacer negocios globales. Google, sin querer, se convierte en una compañía politizada que critica a todo régimen que va en contra de los ideales de Estados Unidos.

El gobierno estadounidense se jacta de tener aliados que le permiten ver cómo utilizar la tecnología "para resolver retos locales antes de que se conviertan en conflictos regionales". Pero para Google, balancear su papel como mano derecha de EE.UU. y sus intenciones de expansión global pueden resultar en un dolor de cabeza.

China e Irán son sólo el inicio. La negativa de Google a seguir solapando la censura del gobierno chino ha causado una tensión diplomática entre los norteamericanos y el gigante asiático. Por su parte, el gobierno iraní planea suspender el servicio de Gmail a raíz de las protestas que se confabulan a través de Internet.

El gobierno chino habla de un imperialismo informático de Estados Unidos. Parece que la estrategia de EE.UU. ha cambiado de las armas convencionales al uso de la red. Se habla mucho del potencial democrático de estas herramientas, que permiten que la sociedad civil se organice para protestas antigubernamentales en regímenes represivos.

Ahí está el lado oscuro de la moneda. ¿Y si se utilizan estos servicios para incentivar la disidencia, para alimentar un conflicto, para provocar ruptura e inestabilidad? Significaría desempolvar el viejo libro de jugadas -el de la CIA bien conocido en América Latina- de panfletos, pasquines y propaganda, pero actualizado a nuestro contexto real. Estoy cierto que la Secretaria de Estado se frota las manos ante la mera idea de contar con el buscador como parte de su arsenal. Ése es el riesgo que ha corrido Google al involucrarse en la política: es imposible no salir embarrado.

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