Google está trabajando en equipo con la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) para investigar los ataques recientes que ha sufrido, con miras a proteger sus redes ante una nueva amenaza. Debido a la sospecha de que China está involucrada en los ataques a los servidores, la NSA -encargada de la ciberseguridad de EE.UU.- ha entrado al quite.

La relación ha levantado sospechas fuertes por la historia negra de la agencia. La NSA es el organismo de espionaje estadounidense por excelencia. ¿Habían escuchado hablar de ella? Es poco probable. Mientras que los reflectores se los lleva la sobrevalorada CIA, la NSA es la que se encarga del verdadero trabajo sucio. Esta agencia se encarga del criptoanálisis de la información que pasa por Estados Unidos. El presupuesto destinado a la oficina es confidencial, así como el número de empleados que trabaja en Fort Meade.

¿Captan por qué causa tanta incomodidad esta relación? Veamos algunos ejemplos de los trabajitos de la NSA: colaboró durante la Guerra Fría con empresas como Western Union para interceptar y leer millones de telegramas; ha sido acusada de aliarse con compañías telefónicas como AT&T para obtener acceso a conversaciones privadas; e incluso, tiene el poder de recolectar, sin orden judicial, correos electrónicos y llamadas internacionales que pasen a través de los canales de telecomunicaciones de Estados Unidos.

Ahora imaginen lo que podría hacer la agencia con la infraestructura de Google. Aunque la empresa jura y perjura que la NSA no tendrá acceso a las búsquedas de los usuarios, a las cuentas de correo, ni a ningún otro tipo de información sensible, la sospecha está latente. Para defenderse de los ataques, Google ha decidido firmar un pacto con el diablo, dañando irreparablemente su imagen ante el usuario. Nada bueno puede esperarse cuando la NSA mete sus tentáculos.