Hard Disk

La semana pasada iba a comprarme un nuevo disco duro externo. El que tengo es de escasos 320 Gb, y estoy a punto de llenarlo: películas, series, documentos, música, programas, respaldos. "¿Cuánto más necesito?", me pregunté. ¿Bastará uno de 500 Gb, o me voy directo al de un terabyte? Al final, tras cotizar varias opciones, me arrepentí al percatarme que estaba perdiendo la facultad selectiva. En realidad, debería haber depurado mis archivos, eliminando esos que sé que jamás necesitaré.

Este fenómeno de la pérdida de la selectividad se da con el avance tecnológico. Por ejemplo, hace año, era de lo más común mantener los buzones de entrada con pocos correos electrónicos, almacenando únicamente los más importantes. Ahora, dada la gran capacidad de las cuentas, atiborramos el mail con una cantidad impresionante de basura. Recordemos cuando disponíamos únicamente de un par de gigabytes de disco duro, pensábamos dos veces antes de instalar un programa. Ahora, tenemos decenas (o cientos) de paqueterías que sólo hemos corrido un par de ocasiones.

Poseedores de una capacidad mayor, atestamos nuestra computadora con un sinfín de archivos. Parece que entre mayor es el espacio del que disponemos, mayor es nuestro afán de llenarlo. Hemos perdido la capacidad de discernir entre lo útil y lo inútil ante la falsa ilusión de lo imperecedero, de una caducidad inexistente. Gracias al incremento de la capacidad, podemos almacenar música, videos, fotografías, correos. Nuestro acervo es impresionante, sin embargo, ¿qué cantidad de estos archivos empleamos? Un porcentaje realmente bajo.

Aunque parezca algo sin importancia, esta actitud refleja una postura en contra de un aprovechamiento de los recursos. La acción de seleccionar ha sido sobrepasada por la acumulación. Ya no es necesario eliminar lo que no se ocupa: siempre habrá un contenedor donde quepa. No hay que quitar lo que sobra, basta con ponerlo en un lugar más grande. El intercambio de ficheros es tan sencillo que no cuestionamos lo que poseemos. Suprimimos nuestra capacidad de discernir porque en más cómodo amontonar, convirtiendo a la propiedad en un acto irreflexivo. Estimado lector, piense en esto la próxima vez que quiera adquirir más capacidad para guardar sus archivos: si sus cosas no cupieran dentro de su casa... ¿compraría otra casa o tiraría algunos objetos?