Hace algunos días les estuve hablando del impuesto con el que el gobierno pretende aumentar a los productos tecnológicos que se manufacturan en el exterior.

Por suerte parece que prácticamente toda la oposición del gobierno de los Kirchner está en contra de esta iniciativa con la que se pretende aumentar el impuesto a la tecnología de los 10,5% actuales a 21%.

Uno de los diputados por el PRO, Federico Pinedo, estuvo hablando con infobae.com al respecto y aseguró que hacer esto es "no comprender por dónde marcha la economía moderna" y creo que no podría haberlo dicho mejor. Como lo aseguré en el post pasado, hacer esto no tiene ni pies ni cabeza, es absolutamente retrógrado. Además el legislador dijo también que "es una barbaridad que atenta contra la inclusión digital en la Argentina".

Por otra parte, desde la Cámara de Informática y Comunicaciones de la República Argentina, se manifestaron también en contra ya que si se llegase a implementar el impuesto los ordenadores portátiles y celulares cada vez estarán más lejos del alcance de la sociedad.

Incluso empresas que manufacturan en el país y que tendrían beneficios directos, como Banghó, se mostró en contra de la iniciativa. Desde la empresa aseguraron que es una "medida que atenta contra la competitividad productiva y profundiza la brecha digital".

¿Hace falta más para darse cuenta que este proyecto no tiene ni pies ni cabeza? No, no creo que haga falta más. Pero el gobierno no necesita de eso, sino simplemente de recaudar, que es básicamente el fin de este proyecto de ley.