Yo siempre pensé que estas cosas podían ocurrir en los funcionarios soviéticos de los años 30s o 40s, que por el frío y el vodka, fueran un poquito alegres y pasados de tragos al trabajo. Nunca me lo imaginé de un solemne ministro japonés.

El ministro japonés de Finanzas Shoichi Nakagawa se está haciendo famoso en todo el mundo por aparecer "presuntamente" borracho en una reunión del G7 en Roma. Hoy martes la presión fue resuelta con su renuncia, algunos siglos atrás quizás el Hara Kiri hubiera sido más adecuado. Que bueno que los tiempos cambian.