Yo estaba en casa, soportando con bastante asco las idioteces que dicen los comentaristas y de pronto, ¡zas!, silencio absoluto de relatores y pelafustanes, mutismo de frases hechas, ausencia de tópicos y conversaciones intrascendentes.

Estoy convencido que el 44.8% de los motivos por los cuales simplemente no me gusta el fútbol tiene relación directa con que, durante algunos años de mi adolescencia, escuché frases imbéciles de comentaristas ecuatorianos que se creían, y aún se creen, poetas. Tiempo después descubrí que en todo el mundo pasa lo mismo.

Lo mismo con la Fórmula 1, que recientemente me interesa, pero que muchas veces termino apagando porque los comentarios (diría que especialmente en España) llegan a un punto en que simplemente no vale la pena seguir viendo.

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