Andreas Albes estuvo allí para contarlo en El País Semanal: "Llegamos a Oymyakon hacia las tres de la madrugada, a 51 grados bajo cero. Por debajo de menos 45 grados, la gasolina se congela, y por eso Kolya nunca apaga el motor de nuestro autobús". 2300 personas viven allí, por llamarlo de alguna manera.

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