Me ha gustado muchísimo el artículo escrito por Sergio Rodriguez desde la Ciudad de México y publicado por Público con respecto a la impunidad en la que viven algunos empresarios y políticos con relación a la red de pederastia denunciada por Lydia Cacho.

La periodista fue secuestrada por elementos policiacos de Puebla y trasladada de manera ilegal a ese estado, por orden del gobernador de Puebla Mario Marín Torres. Una vez en Puebla y después del escándalo público, fue puesta en libertad bajo fianza, aunque hasta mediados del año 2006 el proceso judicial continua.

El artículo no solo transmite bien el sentir general en México con estas grandes demostraciones de impunidad, también lo resume bastante bien para quienes no estén enterados del tema:

Hay vídeos y grabaciones que prueban la existencia de la red de pederastia. Hay testimonios y grabaciones que muestran la complicidad y el abuso de poder del gobernador de Puebla.

Miles de mexicanos escucharon, por ejemplo, la conversación grabada -y difundida por el diario La Jornada- entre el gobernador y el empresario. En ella, el político informaba a su amigo de que ya habían detenido a "esa pinche vieja y le habían dado sus coscorrones". El empresario, por su parte, se lo agradecía, le prometía dos botellas de coñac y lo llamaba "mi góber precioso", una frase que se ha hecho famosa en todo México. Toda la conversación, salpicada de grandes risas y referencias sexistas, es un monumento a la corrupción y a la impunidad.

Sin embargo, la Corte Suprema falló, en primer lugar, que no podía manifestarse sobre la existencia de la red de pederastia y, en segundo lugar, que no había elementos para considerar que el gobernador Marín hubiera actuado en complicidad con el empresario Nacif para conculcar las garantías individuales de la periodista.

Enlace: Los demonios de la impunidad, vivitos en México