El ser humano es desconfiado por naturaleza, atendiendo a ello, algunos genios de la electrónica decidieron sumarle morbo a esa desconfianza, diseñando sistemas que nos permiten grabar y espiar a esos que no terminan de convencernos. Pero, claro, una cámara ya despierta demasiadas sospechas y conllevan una actuación nada sincera. ¿La solución? Camuflar la cámara.

Es cierto que más de una niñera maltratadora ha sido descubierta por la famosa cámara-peluche, o que más de alguna conspiración de dinero, drogas y política, se ha venido abajo por un micrófono, o por otra vertiente del terreno audiovisual oculto: la cámara en el detector de humo. Pero la cosa no queda ahí...

  • La cámara secador de pelo: ideal para descubrir las infidelidades de sus esposas, o de algún esposo vanidoso. El problema es que no aclaran si además de cámara funciona como secador, de no ser así, estaría camuflada como un secador dañado. Incluso las hay con visión nocturna y además transmiten de manera inalámbrica. Eso sí, hablamos de 514 dólares.

  • La cámara corbata: perfecta si tienes un trato con la policía, para que rebajen tu condena a cambio de grabar la confesión de algún narcotraficante. Viene con cámara y además con un micrófono amplificado conectado a una grabadora. El precio es realmente bárbaro: 1980 dólares.

  • La cámara tornillo: esta cabe donde sea, aunque es la menos disimulada y la más rústica de todas. Solo incluye un cable con las salidas de vídeo, para conectarla donde desees. Va hasta los 300 dólares de precio.

Eso sí, como el presunto grabado cuente con un sensor de cámaras ocultas, dense por muertos o por divorciados. Eso sí, ¡cuantas aplicaciones tiene la tecnología! Yo no dejo de maravillarme con lo lejos que llega el cerebro humano para aplicarla a su antojo.