La nueva generación de consolas debe ser un término desconocido para más de un sufrido padre. Solamente esperemos que la nueva generación de hijos, no sea tan drástica a la hora de tolerar que sus progenitores no distingan entre una PlayStation 2 y una PlayStation 3:

Pedro tiene 15 años, es hijo de una pareja de arquitectos y está pasando este verano recluido en un centro de reinserción. Golpeó repetidamente a su madre con la consola que acababa de recibir porque «no era el último modelo». Fue la gota que colmó el vaso, porque no era la primera vez que este adolescente pegaba a su progenitora. Pero no se trata de un caso aislado, ya que entre enero y junio de este año se han recibido 3.500 denuncias de padres desesperados que han optado por la última opción posible: denunciar a su propio hijo por maltrato.

Ahora esperemos que los habituales medios alarmistas, no acusen a los videojuegos de un problema tan serio. La violencia está ahí y hay casos con menor repercusión mediática, pero igual de preocupantes: también hay hijos que pegan a sus padres, y mujeres que pegan a hombres.

Enlace: Cuando el que pega es el hijo | Vía: Fresqui