Mañana habrá acabado otro año más de celebración de una de las fiestas españolas más distintivas a nivel mundial: Los Sanfermines. Eso, si obviamos que parte de esa fiesta consiste en correr delante de animales que corren despavoridos y arrasan con lo que tienen por delante, por el miedo y el asedio que sufren.

Desde finales del siglo XIX cada vez más gente de España y de todo el mundo va a Pamplona a jugarse seriamente la integridad física. Dicen que debes ser un amante de los toros para entender esta particular tradición española, pero yo no entiendo maltratar animales y jugarte la vida como una forma de amar algo.

La sexta corrida de este año fue particularmente complicada, sólo hay que ver las fotos para definir a esta, como a muchas otras tradiciones: ilógica. Pero no me extraña que siga gente dispuesta a correr delante de un toro, si inclusive algunos meten a sus hijos pequeños allí -a pesar de la prohibición-, para que "vaya entendiendo poco a poco de los toros".