Dicen que la siesta es una de las costumbres más arraigadas en países de Latinoamerica y sobre todo en España, aunque algunos ubican su origen en Portugal. Incluso algunos estudios científicos alaban las bondades de echar una cabezadita luego de la comida, y hablan tanto de causas como de buenos resultados a nivel biológico.

Al parecer, es un momento del día sagrado para muchos; y por supuesto una ofensa para los adictos a la productividad. Entre estos últimos, no deberíamos incluir ni a los húngaros, ni a los leperos. Los primeros quieren hacer un referendum para regular este momento del día:

Los ocho millones de votantes del país podrían responder a esta pregunta si las instituciones aprueban la consulta para regular esta cuestión. El Comité Nacional Electoral ya ha dado luz verde y sólo falta que los defensores de la siesta reúnan 200.000 firmas para la aprobación definitiva del referéndum.

En cambio, el Ayuntamiento de Lepe sí que ha emitido una normativa para evitar el ruido en zonas turísticas durante determinados horarios, y así favorecer la siesta de propios y visitantes:

La alcaldesa, Josefa Cristo, recuerda el “derecho a descansar” de los vecinos y turistas, y limita “la realización de cualquier actividad generadora de ruidos procedentes de obras” en horario comprendido de 10 a 15 y de 18 a 21 horas.

La prohibición afecta a la zona de Playa de La Antilla y proximidades, y estará en vigor hasta el 15 de septiembre. Con este bando municipal, la hora de la siesta, de 15 a 18 horas, estará libre de ruidos.

Ver para creer. ¿Qué alegarán los detractores de la siesta? Yo desde luego, estoy a favor de tomar un descanso, aunque uno de 3 horas ya podría ser considerado como vagancia.