Tenía que ver a la avenida Reforma paralizada, sin autos, con personas caminando (me tocó ver dos personas con Segways por la zona del Ángel de la Independencia) y los campamentos puestos a lo largo de una de las vías más importantes de la ciudad. Efectivamente es un caos vehicular y estos días serán recordados como el infierno en la tierra para cualquiera que decida usar un auto por la ciudad.

Yo no he podido evitar sonreir mientras veía todo esto.

Ahora sería buen momento para comprar una bicicleta y disfrutar de una forma muy diferente la ciudad de México.