México en estos momentos enfrenta una difícil disyuntiva social y política, años atrás confiaron su proceso electoral al Instituto Federal Electoral, un organismo que sería 100% independiente de los partídos políticos y que por lo tanto evitaría fraudes y manipulaciones en el conteo.

Los mexicanos estaban muy acostumbrado a triunfos arrasadores, ya sea porque el PRI no tuvo una oposición lo suficientemente fuerte o porque después de 70 años de gobierno del mismo partido la sociedad decidió darle una victoria amplia a Vicente Fox apostando por un gobierno de cambios (si sucedió o no, es tema para otro post).

Ahora la situación es completamente distinta, Felipe Calderón (PAN) y Andrés Manuel López Obrador (coalición por el Bien de Todos) se encuentran muy cercanos en números de votos y sistemas como el PREP no resultan suficientes. Miles de ciudadanos cuestionan ahora la eficacia e imparcialidad del IFE, López Obrador siendo por razones obvias el de la voz más alta por lo cual surge la pregunta: ¿es bueno cuestionar al IFE?

Yo creo que es bueno cuestionar todo, lo cual no significa no valorarlo ni descartarlo. Croe que una institución única que maneje un proceso tan importante necesita que la sociedad civil constantemente lo ponga a prueba para mantener lo que prometen: total imparcialidad.