Durante el debate celebrado el martes pasado entre los candidatos a la presidencia de la república en México, Patricia Mercado del PASC habló de una mujer en Chimalhuacán la cual fue asesinada, pero antes pidió ayuda durante un tiempo más o menos largo, recorriendo 13 cuadras sin que nadie la ayudara.

No recuerdo si fue ella o Luciano Pascoe durante un post-debate en TV Azteca, que indignados expresaban el "deplorable estado de la sociedad mexicana" y "cómo es posible que nadie haya ayudado a esta mujer". Yo, en parte, estoy de acuerdo y créanme, también me indigno... es ridículo que una persona grite tanto y nadie decida ayudarla.

Lo que sucede es que esto es un fenómeno sicológico conocido, llamado efecto Bystander; resulta que para una persona en una situación de emergencia, las probabilidades de intervenir disminuyen cuando sabe que hay otros presentes, mientras que cuando sabe que está solo, aumentan.

El caso de la mujer de Chimalhuacán no es único, hoy me encuentro en el blog de Javi Moya un caso similar, pero en Barcelona, lo cuentan en 20 Minutos:

Una mujer estuvo forcejeando durante 20 minutos en una calle de Vilafranca del Penedés (Barcelona) con un hombre que pretendía violarla sin que nadie, pese a sus gritos, acudiera en su auxilio.

Algunos vecinos llegaron incluso a asomarse a la ventana y a presenciar el intento de violación.

Algunos (o muchos) de mis lectores les sonará conocida la situación, sobre todo si leiste The Tipping Point donde describen el comportamiento más a detalle y con un ejemplo de una mujer en New York que gritó y pidió ayuda durante 40 minutos antes de ser asesinada, cientos de personas la escucharon pero nadie llamó a la policía o bajó a asistirla.

Recuerdo haber comentado de esta situación a un grupo de conocidos, realmente no puedo acordarme de quienes, pero se mostraban muy escépticos a esta clase de comportamiento social. El efecto Bystander está muy documentado y la Wikipedia en inglés tiene un buen artículo al respecto.

Así que estimada Patricia Mercado, no es que los mexicanos están tan acostumbrados a la violencia que no hacen nada, simplemente se comportan como humanos que son.