Nazanín Amirian:

Los consumidores de pollos deben de saber que, desde que salen del cascarón, cerca de 25.000 polluelos de sexo femenino –ya que los machos son molidos vivos o amontonados en bolsas de basura donde morirán lentamente– tienen que compartir un mismo espacio en una granja industrial, vivir hacinados en pésimas condiciones, sin poder moverse ni mucho menos aletear, con luces encendidas las 24 horas para que coman sin descansar y pasen los 40 días de vida que se les asigna –y eso que pueden vivir hasta13 años–.

Sus alimentos consistirán en grandes dosis diarias de hormonas, alimentos transgénicos, huesos reciclados de otros animales y, aunque parezca increíble, de aceites de motor reciclado en los piensos, acompañado por calmantes, a fin de acelerar su engorde y atenuar su estrés. Un estrés que provoca constantes peleas entre ellos. La solución del granjero no es concederles más espacio –ya que supone más inversión–, sino mutilar la parte superior de sus picos con una hoja de navaja, sin anestesia alguna, causándoles un infinito dolor que además le impedirá comer. Llegan al matadero casi ciegos, con ataques hepáticos y fallos renales a causa del exceso de grasa, y con graves trastornos nerviosos, para recibir la descarga eléctrica cuando están colgadas de patas, sumergidos en un estanque de agua… y aún queda más sufrimiento, aunque prefiero no contároslo.

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