Iñigo Saenz de Ugarte:

Las autoridades chinas consideran que enterrar el cadáver de una persona ejecutada es un desperdicio que no se debe permitir. Sabíamos que los cirujanos han llegado a extraer los órganos de los presos poco después de su fusilamiento. Ahora nos enteramos de que también se recogen fragmentos de piel para confeccionar productos cosméticos.

Muchos de los labios espectacularmente hinchados con inyecciones de colágeno pueden tener un sabor especial. En realidad, no está confirmado que hayan llegado a Europa productos cosméticos elaborados con esta singular materia prima. Lo que sí se sabe, según The Guardian, es que esos productos están en el mercado y se están ofreciendo a intermediarios.

Es probable que si no media una prohibición política, el colágeno humano de origen chino tenga una buena salida en el mercado. En primer lugar, por el precio. La piel de los presos resulta más barata, aunque parece que las empresas tienen que pagar una pequeña cantidad a los tribunales que dictan las sentencias.

La noticia puede alarmar, pero no extrañar. El Gobierno chino no cree que la pena de muerte sea un simple castigo por un delito grave. Algunas ejecuciones se han convertido en espectáculos públicos, a los que se envían grupos de escolares, se supone que por las virtudes didácticas de una ejecución.

Se calcula que cada año cerca de 10.000 presos pasan por el patíbulo en China. Eso da para ampliar muchas sonrisas.