Santiago Roldós Bucarám escribió un excelente artículo acerca de la píldora del día siguiente y la sociedad ecuatoriana que se encuentra en peligro de perderse casi por completo; me explico:

Santiago escribe periódicamente en la revista Vistazo que tiene más de 40 años en circulación en el Ecuador y el cual tiene un sitio en el cual publican los últimos contenidos, pero al salir una nueva revista borran (sin dejar ningún tipo de archivo) por lo que cualquier artículo está unos días en línea para luego perderse totalmente.

Para la mayoría de ustedes o para mi un texto en una revista impresa cada día significa menos y tiene muy poco valor por la dificultad de conseguirla, leerla, enlazarla, citarla, etc, asi que me tomaré la libertad de copiarlo de forma íntegra aquí. Recomiendo a todos leerlo.

La campaña de desprestigio contra la píldora del día después, en acusarla de abortiva, no tiene sustento científico.

John Lennon volvería a morirse de risa si pudiera ver las cenas del hombre doliente que la aristocracia guayaquileña organiza, con el beneplácito y la concurrencia voraz de los sumos representantes de la Iglesia, en una lógica extravagante según la cual los comensales ganarían el cielo mediante una limosna en lugar de hacerlo por la repartición justa de la riqueza. Esta extravagancia se extiende al resto de la sociedad con una sensación de normalidad incapaz de provocar el cambio que todos aseguramos necesitar pero pocos estamos dispuestos a realizar.

El nivel del debate sobre la píldora del día después y su posterior prohibición en nuestro país obliga a replantearnos, en pleno siglo XXI, el debate de los límites entre Iglesia y Estado, y la reflexión sobre el papel del conservadurismo social en la corrupción del Ecuador. Si lo pensamos detenidamente, es muy extraño que los mismos canales donde pastores de diversos credos propagan y elevan sus preceptos a la categoría de Verdad Implacable y Práctica Obligatoria, nos receten después, durante el resto del día, su antología de material soft porno y moral telenovelesca. Y a la familia ecuatoriana podría describírsela como una que prohíbe a sus hijos pequeños decir la palabra culo en la mesa mientras permite y fomenta que vean Pasión de Gavilanes. Y es que el problema de nuestra sexualidad no es con el disfrute y la imaginación erótica, sino justamente con su sustitución por la mojigatería pornográfica que a veces linda la promoción del crimen (en Mi Recinto de TC hay una constante apología de la violación).

Continuando con la secuencia de despropósitos de nuestra realidad y su imaginería, la jerarquía eclesiástica (cooptada hace años por los conservadores que derrotaron a los teólogos y misioneros comprometidos en la lucha contra la miseria), la píldora del día después es una asesina. Un sacerdote guayaquileño se permitió llamar a las mujeres que la usarían "mujeres secas que no conocen el amor". Esta criminalización de las mujeres que intentarían apropiarse de su propio cuerpo contrasta con la benevolencia y la comprensión que el Papa y sus muchachos dispensan a los curas pederastas y violadores que penetran y se apropian de los cuerpos ajenos de los niños y las niñas a las que violan. Lo anterior no es una "paradoja". Se llama cinismo. Y está en el centro de la lógica de la doble moral con la que la jerarquía eclesiástica y gran parte de nuestra sociedad dicen defender "el derecho a la vida". ¿Puede una muchacha ecuatoriana apropiarse de su propio cuerpo? ¿Puede hacerlo una estudiante de la Universidad Casa Grande que debutó en el Club de la Unión y que tiene como horizonte perpetuar al hombre doliente? ¿Puede hacerlo una ciudadana de clase media baja, espectadora que sueña con convertirse en mascota de A todo dar?

Tomar la píldora del día después o incluso practicarse un aborto no significaría, de hecho, poder hacerlo. El asunto reside en su capacidad de elección. Capacidad basada en el desarrollo de la educación ética y la información científica. Del mismo modo en que nos dicen que la democracia sólo funciona según qué cosas; pues el TLC no puede ser objeto de consulta popular debido a ser "algo demasiado importante", en el Ecuador el derecho a la información y a la educación sobre nosotros mismos y nuestros cuerpos están vedados, desvirtuados por el imperio del terrorismo de Espíritu. Un famoso periodista invitó a su programa a un científico venido de fuera para explicar el funcionamiento de la píldora. Le concedió un minuto de entrevista. Prácticamente no le permitió hablar. Y al final lo excomulgó con un editorial, diciendo que sus explicaciones científicas eran "una opinión" (fue el mismo periodista que en un debate público sobre la libertad y la verdad habló de sus pistolas).

Lo curioso de la campaña de desprestigio y condena de la píldora del día después es que se basara en acusarla, anticientíficamente, en ser un abortivo disfrazado. Para la Iglesia, anticoncepción y aborto siempre han sido homónimos. Ni siquiera la emergencia sanitaria del SIDA hizo que Karol Wojtyla diera un paso atrás en su lucha contra el condón. En medio de este triunfo coyuntural del oscurantismo, contra el que habremos de comprometernos, puede afirmarse que la obstinación de los sectores conservadores ha terminado por aceptar, implícitamente, unos matices en la vida moderna como nunca antes lo habían hecho. En hora buena.

Este artículo fue publicado originalmente en la edición impresa de la revista Vistazo del 2 de Diciembre 2004. Pueden escribirle a Santiago Roldos al email: sroldos[arroba]yahoo.com.