Ni en Grecia se salvan. El Universal [entrevistó a un mexicano](http://www.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=241143&tabla=notas) originario de Zacatecas que se dedica a la reventa de boletos para entrar a diferentes disciplinas.

> «Están buenas las ventas, pero ni creas que se gana mucho, pero ahí la llevamos»

No es un secreto que en Atenas se ha tenido que bajar drásticamente el precio de las entradas debido a que hubo poca venta. Según tengo entendido hay casos en que la afluencia es menor al 10% del total del estadio o del lugar del evento.

Me pregunto que llama a una persona a ir tan lejos para dedicarse a la reventa. No me queda claro si el tipo fue desde México o talvez ya vivía en Europa. El no está solo, hay gringos, ingleses, franceses, brasileños, argentinos, africanos, arabes, etc.

Llama la atención lo poco que pueden hacer los policías en este caso, según la [nota](http://www.eluniversal.com.mx/pls/impreso/noticia.html?id_nota=241143&tabla=notas), lo máximo que pueden hacer es *invitar* a los revendedores a desalojar el área perteneciente al metro.

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3 Comentarios

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  1. Pues hay que ir a donde está el negocio demuestra que hay empresarialidad en este mexicano. Interesante el comentario de Juan Fernando, vamos a buscar ese libro. Y si realmente quieren acabar con la reventa, el secreto no está en poner legislaciones o guardias que busquen retirarlos, sino ser creativos con los sistemas de venta de entradas.

    Creo que aún hay mucho potencial por allí pues podrian eliminar las entradas físicas y que todo sea digital, ingresando al estadio mostrando alguna identificación o incluso haciendo el pago con el envío de un SMS antes de ingresar…

  2. Los revendedores cumplen una función social excelente, recomiendo la lectura de «Defending the undefendable» de Walter Block. Si valoras más el tiempo, pagas más pero las entradas te esperan en la puerta. El revendedor es la persona que sube el precio por ti para que nadie más lo compre dado que tu tiempo es más valioso que la diferencia de precio. Por otro lado cuando uno compra a tiempo o tiene tiempo para ir a comprar, el precio es el «oficial» o incluso puede haber descuento (típico en conciertos). Es una cuestión de prioridades y trade-off, no un delito, salvo que la filosofia personal de uno sea de adorador del Estado (policia, burocracia y reglas arbitrarias).