El filme de Sarafian carece de la fuerza, la angustia y la esplendorosa planificación visual de The Revenant y de su meticulosidad, tiene casi una hora menos de metraje, va mucho más al grano y, así, la construcción de los personajes es inferior y más endeble y sus motivaciones son expuestas de un modo superficial; y el trabajo del buen actor que siempre fue Harris no se puede comparar en lo más mínimo al tremendo esfuerzo de DiCaprio. Además, las acusadas diferencias narrativas juegan decididamente en favor de la película de Iñárritu, cuyos recuerdos y algo más intercalados son un bello regalo onírico y no simples escenas de la memoria

Este cineasta ya había abandonado a partir de Beautiful el enrevesado entramado narrativo que nos deslumbró en 21 Grams y Babel gracias al guionista Guillermo Arriaga, hoy ex colega suyo tras una absurda competición de egos, pero se ha rehecho en sus dos últimos filmes de una manera inimaginable en su inteligencia, pericia y vitalidad. Y mientras Birdman era urbana, verbosa y desquiciada, en The Revenant lo que encontramos es la contemplación y el padecimiento personal de una naturaleza hermosa y terrible, que resalta la ideal fotografía de Emmanuel Lubezki, multitud de escenas en las que la expresión verbal brilla por su ausencia y una locura y una violencia casi exclusivamente territoriales, posesivas y humanas.

El guion literario es por completo distinto, con diálogos escasos y la narración mayormente visual; no así el guion técnico, pues Iñárritu mantiene el gusto por el plano secuencia, aunque mucho menos acusado en verdad, las escenas rodadas con un solo plano y el seguimiento con cámara en mano, a veces sirviéndose del encadenamiento de la atención y el enfoque según los personajes se cruzan unos con otros en las escenas de acción iniciales.

Todo el reparto cumple diestramente con su cometido, desde Tom Hardy hasta Domhnall Gleeson y Will Poulter y, en verdad, DiCarprio es quien se adueña por completo de la función con un personaje elaborado como contraste absoluto del anterior al que había interpretado, el parlanchín de Jordan Belfort en The Wolf of Wall Street (Martin Scorsese, 2013): sólo con su gestualidad, casi sin palabras, es capaz de trasladarnos cada una de sus variadas emociones e inefable sufrimiento sin que sea necesario que diga ni mu.

Las únicas pegas son que, al contrario de lo que ocurría en Birdman y por las propias particularidades de la nueva apuesta narrativa de Iñárritu, el ingenio que sólo se puede desprender y demostrar verbalmente casi no asoma la cabeza aquí, entre el ruido y la furia naturales y humanas, durante el estremecedor ataque del oso, rodado con un temple envidiable, y las virulentas confrontaciones con los indios o la de la temible venganza; y que una excéntrica audacia como la del relato sobre el alterado Riggan Thomson (Michael Keaton) tampoco aflora en este filme.

Conclusión

8
10

The Revenant es una briosa narración de violencia y talento visual desatados que inquieta al espectador de principio a fin, con un Leonardo DiCaprio fuera de serie, pero carente de la chispa y la agudeza verbales y la pintoresca audacia sobre los que el director Alejandro González Iñárritu ya había puesto una pica antes. Con todo, es muy recomendable no perdérsela.

Pros
  • La esplendorosa planificación visual.
  • Los planos secuencia, las escenas rodadas con un solo plano y el seguimiento encadenado con cámara en mano.
  • La interpretación de Leonardo DiCarpio.
  • La ideal fotografía de Emmanuel Lubezki.
Contras
  • Que carece de ingenio verbal.
  • Que la excéntrica audacia de 'Birdman' se ha esfumado aquí.

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César Noragueda

Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes. Más artículos del autor »
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