Lo que hay que aclarar primero, por si alguien no se ha enterado todavía, es que aquí el protagonista no es el famoso boxeador al que Stallone lleva interpretando casi cuarenta años, el personaje de su carrera con toda seguridad, sino Adonis Johnson, un impoluto Michael B. Jordan, que repite con Coogler tras su ópera prima.

Y aunque no hay duda de que el maduro Rocky es bastante más interesante que el joven atolondrado que era, con parlamentos de mayor enjundia, echamos de menos a quienes hemos perdido por el camino, sobre todo a los personajes que bordaban Burgess Meredith y Burt Young.

Creed es una hija bien parecida de la saga: no se salva de redundar en las mismas tramas del mundillo del boxeo ni de las películas que la preceden, y de nuevo nos encontramos con la preparación de un gran duelo final en el ring, aderezada con los vaivenes emocionales de rigor; pero hay un par de momentos, cosecha de Coogler, que la distinguen de las anteriores, sendos planos secuencia en un combate completo y en el siguiente camino al cuadrilátero que son mejores como ejercicio de cine que cualquiera de los otros filmes.

La redundancia es su mayor debilidad, la misma que fundamentalmente afecta al resto de la saga, la negativa a abandonar el camino establecido y arriesgarse a romper con un esquema que desde películas atrás resulta un tanto machacón, ya no sólo de un modo general, sino incluso en secuencias concretas, como la del inexcusable entrenamiento a solas con carrera callejera, montaje rápido y melodía coral envolviéndola incluidos.

No voy a discutir que reencontrarse con Rocky y conocer cuál es su estado vital y advertir su evolución y la forma en que ha envejecido es algo agradable, despierta y sacia nuestra curiosidad; pero Creed sufre la misma falta de audacia que ha estado corroyendo a esta serie de películas desde su primera secuela, y ni la energía y la firmeza de Coogler ni su par de planos secuencia son suficientes para contener esa corrosión que quizá hasta la señale como una película innecesaria.

Conclusión

7.5
10

El eficiente spin-off que ha elaborado el director californiano tiene más de secuela que de otra cosa y, si bien destaca en algunas secuencias, vuelve a caer por el sumidero de lo repetitivo como ya le había pasado al resto de continuaciones de la saga. Así que se queda en una pequeña película que se puede ver sin demasiadas pretensiones.

Pros
  • El estilo firme del director Ryan Coogler.
  • Un Rocky Balboa maduro, más interesante.
  • Los dos planos secuencia que se distinguen como ejercicio cinematográfico.
Contras
  • La redundancia, la machacona repetición de esquemas de las películas anteriores.
  • La falta de audacia para tomar derroteros distintos.
  • La superficialidad dramática.

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César Noragueda

Crítico cinematofágico y articulista un poco protervo. Bibliófilo y racionalista beligerante: cuidadito conmigo, charlatanes. Más artículos del autor »
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