Con el alza de Internet, las imágenes de las ciudades chinas pintadas de gris, marrón y negro debido a la contaminación recorren viralmente cada esquina de nuestras redes sociales. El contaminado aire de las ciudades del norte de China se usa, con razón, como gran ejemplo de los daños de la industrialización sin regulación, y de anteponer el crecimiento económico por encima de la salud de los ciudadanos.

Hace cinco décadas, Japón vivió una época similar: industrialización a marchas forzadas de la economía, mientras que los más de 75 millones de habitantes del archipiélago pronto se convirtieron en 100 millones, y poco después en 120 millones. En los años 60, Occidente estaba alarmado. Japón se iba a comer el mundo gracias a su implacable ascenso económico y falta de miramientos hacia el medio ambiente, las alertas de contaminación que detenían las escuelas en los 60 y 70 ya solo permanecen en la memoria de la generación del baby boom japonés. Hoy en día la capitales de Japón están entre las menos contaminadas del mundo desarrollado. ¿Cómo lo ha conseguido?

Lucha local, los ciudadanos se organizaron

Japón tiene un largo historial de protestas locales. Chris McGinley / Shutterstock.com

Japón tiene un largo historial de protestas locales. Chris McGinley / Shutterstock.com

Japón es un país altamente burocratizado que hizo difícil que los cambios llegaran desde el nivel estatal. Una constitución garantista de los derechos civiles y un sistema judicial independiente ayudaron a los movimientos ciudadanos en sus protestas contra la contaminación.

Los gobiernos locales, principales perjudicados de la contaminación de las plantas químicas y energéticas —principalmente de carbón y petróleos— formaron una oposición continuada al gobierno central de Tokyo, gobernado desde 1955 hasta 2009 por el Partido Liberal Democrático, cuyos miembros estaban más preocupados de complacer los intereses de las grandes corporaciones japonesas. Pocos políticos con aspiraciones nacionales podían destacar dentro del partido con un mensaje ecologista.

Las enfermedades relacionadas con la contaminación estaban creando estragos entre la clase trabajadora, cuatro nuevas enfermedades surgieron debido a los altos niveles de químicos nocivos presentes en agua y aire de varias ciudades: asma de Yokkaichi, enfermedad de Minamata (debido al mercurio de una planta química), itai-itai (envenenamiento por cadmio) y la enfermedad de Niigata Minamata.

Ataque legislativo contra la contaminación

Eisaku Sato fue el primer ministro japonés entre 1964 y 1972, periodo en el que la actitud de Japón cambió totalmente frente a los problemas de la contaminación.

Eisaku Sato fue el primer ministro japonés entre 1964 y 1972, periodo en el que la actitud de Japón cambió totalmente frente a los problemas de la contaminación.

Antes de que el sector político e industrial comprendieran los costes y el daño económico que la contaminación causaba, el gobierno creó una Ley Básica para el Control de la Contaminación Ambiental que fue ampliamente recortada a petición del Ministerio de Economía. Vagas cláusulas de 'harmonía en el crecimiento económico' eliminaban y ponían trabas a la regulación.

Tres años después, y tras la instauración de un comité independiente que repasó punto por punto la ley, haciéndola más clara e incisiva, y se estableció una agencia del medio ambiente nacional.

Pero las regulaciones y los detalles concretos de los límites de emisiones fueron trasladados a los gobiernos locales, y quedaron sin mayor medida tras reducir los casos más graves. Poco a poco, la sociedad japonesa, así como las empresas y el gobierno, fueron entendiendo la gravedad de la situación.

Japón creó una red extensa, fiable y segura de transporte público que es usada por la mayoría de los millones de personas que todos los días se desplazan al trabajo o centros escolares. Un triunfo sobre la realidad de las aglomeraciones de coches que llenan a diario las ciudades Chinas.

Energía nuclear

Shutterstock

Central nuclear emitiendo vapor de agua. Shutterstock

Japón se quedó, casi literalmente, sin carbón que quemar. El gobierno creó un plan a largo plazo para la nuclearización del país, creando decenas de plantas nucleares por todo el país que proporcionarían gran parte de la electricidad que el país necesitaba.

Las plantas operaron sin mayor incidencia hasta 2011, cuando un terremoto y tsunami dañó las instalaciones de la planta de Fukushima. Dejando al país a las puertas de un accidente nuclear amplio. A pesar de ello, el gobierno cita que parar las plantas nucleares implicaría un alto coste de polución al tener que quemar combustibles fósiles mientras las tecnologías renovables llegan a un punto de evolución económico.

China persiste en el carbón, barato pero la fuente de energía que más muertes causa. El gobierno de Pekín se queja de que no hay alternativa viable a tiempo que pueda ofrecer el rendimiento económico del carbón, aunque reconoce que es la principal causa de los problemas.

Hoy en día

bahia Kitakyushu

Hoy en día, las ciudades japonesas, especialmente en el sur aún cuentan con días malos por contaminación, curiosamente más cuando los vientos atraen desde el continente nubes con alto contenido tóxico.

En Kitakyushu, la bahía de Dokai fue ampliamente recuperada. En 1960 era conocida como el 'Mar de Muerte', mientras que hoy en día ha recuperado más de cien especies distintas que eran autóctonas de la bahía.

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