¿Qué son las personas no humanas?
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¿Dónde comienza y acaba una persona? No hablamos de algo físico, sino de los derechos y emociones. ¿Qué hace que un animal como un primate homínido se desbanque del resto de especies y luche por unos derechos especiales? Normalmente esta diferencia, grosso modo, se la atribuimos a las capacidades cognitivas y emotivas como la inteligencia, la empatía... Y a medida que vamos aumentando nuestros conocimientos sobre el mundo que nos rodea nos percatamos de que ahí fuera, algunos animales se parecen a lo que nosotros consideramos "humano" de lo que creíamos. Y, aunque están amparados bajo las leyes de protección animal, ¿y si no fuera suficiente? Tal vez es hora de considerar una revisión profunda de lo que estimamos como "persona". Tal vez es hora de crear una nueva figura ética, social y jurídica. Tal vez es hora de darle la bienvenida a las personas no humanas.

¿Qué son las personas no humanas?

Consiste en una figura jurídica para defender los derechos de especies con elevadas capacidades cognitivas y gran inteligenciaVayamos al grano. El concepto de personas no humanas es mayormente jurídico. Una figura nacida para defender los derechos de especies con elevadas capacidades cognitivas y gran inteligencia. Cuando se habla de personas no humanas se suelen identificar a los orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos, entre otros. Pero existen grupos que consideran como personas no humanas a animales como los delfines o las ballenas. La consideración de personas no humanas, como explicábamos, está relacionada con las capacidades cognitivas. A medida que entendemos mejor a los animales, comprendemos sus necesidades. Por ejemplo, sabemos la capacidad individual de procesar información y usarla en su beneficio, la toma de conciencia de sí mismo, la empatía y las emociones demostradas en muchos de los animales nombrados. En este sentido, se parecen muchísimo a nosotros. ¿Qué los diferencia, entonces? ¿Una cuestión meramente genética? ¿Intelectual? ¿Dónde están los límites? Las cuestiones no son sencillas de resolver.

Derechos insuficientes

Actualmente los animales están protegidos por la ley de forma local. Cada país, cada región, acata unas normas de protección fundamental que velan por los derechos de los animales. Sin embargo, dichas leyes son muy heterogéneas. Cada lugar tiene sus propias reglas e interpretaciones. Casi todas las leyes promueven un buen trato, obligación de mantenimiento, etc. Pero también es cierto que estas leyes están orientadas a la propiedad. Pero los animales no son cosas. Son seres vivos. En el caso de mamíferos superiores, las necesidades, sentimientos y capacidades están muy por encima que la de "las cosas". Por ejemplo, es notable el comportamiento de chimpancés y orangutanes, los cuales pueden aprender a hablar mediante lenguaje de signos con los seres humanos.

Los delfines se llaman por su nombre, revela estudio

Los delfines también han demostrado la capacidad de comunicarse con nosotros, así como otros rasgos cognitivos "elevados" (altruismo, placer, duelo, alegría, crueldad, curiosidad...). Tratar a un animal con estas capacidades como si solo fuese una cosa con "necesidades" provoca el sufrimiento del animal. Por eso, los derechos de los animales a veces se muestran notablemente insuficientes. De ahí surge la idea de elevar el estatus de algunas especies a personas no humanas. De esta manera, dichos animales obtendrían, al menos, tres derechos fundamentales: derecho a la vida, a la libertad y a no ser maltratados ni física ni psicológicamente.

Sobre los límites

Pero, ¿dónde terminan las personas y comienzan las personas no humanas? ¿Y dónde acaban las personas no humanas y comienzan los animales? Esta cuestión es aún más compleja. Parece que la batuta en este asunto la lleva, desde luego, la capacidad cognitiva. Pero también hay una cuestión genética. Por ejemplo, los bonobos comparten con nosotros una cantidad abrumadora de ADN. También lo hacen (aunque en menor medida) los chimpancés y los orangutanes. Por supuesto, los delfines están más alejados, pero nuestro parecido genético con los cetáceos no es despreciable. De hecho, no lo es si hablamos, en general, de mamíferos. Por otro lado están las características etológicas (de comportamiento) y sociales. En este caso, los primates no homínidos y los primates homínidos comparten con nosotros una cantidad enorme de similitudes.

Y necesidades. Necesidades que se ignoran por completo al solo contemplar y velar por el derecho animal. Por supuesto, no va a ser fácil clasificar que animales merecen el estatus de personas no humanas y cuáles no. De hecho, ya de por sí, la cuestión rezuma un tanto de hipocresía. Pero también es cierto que en este momento nuestra especie "domina" (si es que se puede decir así) el entorno, con todas sus consecuencias. Necesitamos a los animales para sobrevivir. Pero también tenemos la capacidad de hacer todo lo posible para respetar sus verdaderos derechos.

La gran guerra

Somos una especie acostumbrada a quitarle los derechos fundamentales a miembros de nuestra propia especieNo obstante, la guerra por el reconocimiento de las personas no humanas todavía está lejos de acabarse. Ya existen precedentes jurídicos importantes. Entre ellos algunas acciones legales en Argentina y México. También en España, algunos países de Europa e, incluso, Estados Unidos. Con cada acción particular es una pequeña batalla cuya finalidad es considerar a estos animales, personas no humanas, como sujetos de derechos y no objetos. Pero todavía queda mucho que hacer. No por nada somos una especie acostumbrada, incluso, a quitarle los derechos fundamentales a miembros de nuestra propia especie. El tiempo dictará en qué clase de especie queremos convertirnos.

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