Un mes después de lograr el primer aterrizaje exitoso del Falcon 9, SpaceX se enfrentaba a un reto de mayor envergadura: poner en órbita el satélite Jason-3 y aterrizar el cohete sobre una plataforma flotante situada en el Océano Pacífico —a diferencia del exitoso aterrizaje del pasado 22 de diciembre, en el que logró aterrizar sobre tierra firme—.

El cohete no logró aterrizar correctamente tras completar todas las fasesEl cohete Falcon 9 logró completar todas las fases iniciales —incluida la "Max-Q", donde más estrés sufren los elementos de la aeronave—. De la misma forma, el satélite Jason-3 —cuyo objetivo es medir las elevaciones del mar con una precisión menor a cuatro centímetros— ha sido puesto en órbita de forma satisfactoria, completando así el principal objetivo de la misión.

El objetivo secundario de la misión era hacer aterrizar el cohete en una plataforma flotante situada en el Océano Pacífico, un escenario más complejo y volátil que el anterior. Es en esta fase donde el cohete Falcon 9 ha fracasado tras no funcionar uno de los mecanismos de sujeción. El cohete, según afirmó posteriormente Elon Musk, llegó a la plataforma en las condiciones exactas para completar el aterrizaje de forma satisfactoria, pero un fallo en una de los mecanismos de sujeción provocó que, poco después de posarse sobre la plataforma, el cohete se desestabilizara e impactara con la superficie.

Un vídeo publicado por Elon Musk (@elonmusk) el

SpaceX logró por primera vez aterrizar el cohete Falcon 9 el pasado 22 de diciembre, tras más de 15 intentos fallidos. En esta ocasión, la misión gozaba de mayor dificultad al intentar aterrizar sobre una baliza flotante en el océano —algo que ya habían intentado sin éxito en otras dos ocasiones—. La razón que justifica el aterrizaje en una plataforma flotante situada en el océano no es otra que la velocidad máxima: al ser una plataforma móvil situada en el océano, es posible desplazarla hasta el lugar de aterrizaje previsto, facilitando así la maniobra en caso de alcanzar velocidades más altas en el espacio. Además, el aterrizaje en una plataforma móvil no requiere permisos especiales, otorgando una mayor versatilidad para operar.

En este tipo de misiones espaciales, los cohetes empleados han sido, por lo general, desechados por las compañías aerospaciales. En cambio, SpaceX pretende hacer que los cohetes sí sean reutilizables, un paradigma que permitiría reducir los elevados costes de la industria aerospacial y favorecer a un mayor desarrollo.

Más de: FALCON 9, JASON-3, SPACE X

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