El escritor David Foster Wallace en ‘The End of the Tour’
Jason Segel como David Foster Wallace en 'The End of the Tour' - Modern Man Films, Anonymous Content, Kilburn Media

Para aquellos amantes de la literatura a los que también nos enamora el cine y, además, nos dedicamos a escribir, es probable que las películas sobre escritores nos interesen más que al resto de los cinéfilos por simple implicación en su labor, salvando las distancias. Por eso, una como The End of the Tour (2015), del estadounidense James Ponsoldt, es una elección segura para algunos de nosotros, pues en ella se aborda la figura de David Foster Wallace, considerado uno de los autores literarios de mayor influencia del siglo pasado y los inicios del presente.

Obra de un novelista depresivo

La neoyorkina Ithaca fue la ciudad en la que Wallace nació en 1962, pero su familia decidió mudarse muy pronto a Champaign, una localidad mayor de Illinois, a más de 1.000 kilómetros de distancia. Sus padres, James y Sally, eran docentes universitarios, de filosofía y literatura concretamente, lo cual influyó en los intereses y el nivel cultural de su hijo, como no podía ser de otra manera.La primera novela de Wallace, 'The Broom of the System', fue calificada como “una extravagancia maníaca, humana e imperfecta”

Se licenció en Filosofía y Filología Inglesa en el Amherst College de Massachusetts, universidad considerada la décima mejor de Estados Unidos por la revista Forbes, con dos summa cum laude en 1985 por sendas tesis doctorales, una de las cuales fue publicada en The New York Times a su muerte, en 2008, y la otra se convirtió en su primera novela, The Broom of the System, en 1987, que fue calificada por la escritora polifacética Caryn James como “una extravagancia maníaca, humana e imperfecta” en el mismo periódico.

Dos años después de licenciarse igualmente en Escritura Creativa por la Universidad de Arizona en 1987, publicó una colección de relatos titulada Girl with Curious Hair, y un ensayo, coescrito con Mark Costello en 1990, llamado Signifying Rappers: Rap and Race In the Urban Present, empezó a estudiar en Harvard, universidad que abandonó, para luego trabajar de profesor de literatura en el Emerson College de Boston en 1991 y, al año siguiente, en el departamento de Inglés de la Universidad Estatal e Illinois.

the end of the tour

David Foster Wallace - GQ-Magazine.co.uk

Pero fue en 1996 cuando descolló por su novela más conocida, Infinite Jest, señalada por la revista Time como una de las mejores en lengua inglesa desde 1923. Por ello, se le otorgó el premio MacArthur en 1997, año en que publicó la serie de ensayos A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again, y ganó el premio Aga Khan en 1999 por unos de sus cuentos de Brief Interviews with Hideous Men. Y después, el Whiting Writers, el QPB Joe Savago New Voices, y el O. Henry; y terminó dedicándose a impartir un taller literario en el Pomona College, la universidad californiana de artes liberales de Claremont.A 'La broma infinita', su obra más recordada, la señaló la revista 'Time' como una de las mejores en lengua inglesa desde 1923

Publicó los ensayos Up, Simba! en el año 2000 y Everything and More: A Compact History of Infinity en 2003, la colección de relatos Oblivion en 2004 y la serie de ensayos Consider the Lobster en 2007. Pero el 12 de septiembre de 2008 se ahorcó, presumiblemente a causa del agravamiento de la depresión que había padecido durante más dos décadas. De manera póstuma, se publicó su serie de ensayos titulada This Is Water: Some Thoughts, Delivered on a Significant Occasion, about Living a Compassionate Life en 2009, su novela inacabada The Pale King y otros quince ensayos incluidos en Fate, Time, and Language: An Essay on Free Will en 2012.

Por supuesto, la obra por la que más se le recuerda es Infinite Jest, traducida al castellano como La broma infinita. Y fue en una gira promocional de esta gruesa novela en la que el periodista David Lipsky le acompañó para entrevistarle y publicar un artículo sobre ello en la revista Rolling Stone, experiencia que le sirvió para su retrato de Wallace en Although of Course You End Up Becoming Yourself: A Road Trip with David Foster Wallace, de 2010, libro en el que se basa la película de Ponsoldt.

Wallace según Lipsky, Ponsoldt y Segel

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Modern Man Films, Anonymous Content, Kilburn Media

The End of the Tour es el relato en flashback del encuentro entre dos personas muy diferentes con el interés común de la literatura, el periodista y escritor novel Lipsky y el novelista desde hacía poco consagrado Wallace. Desde luego, no es sencillamente que no se trata de la primera vez que Ponsoldt dirige un filme sobre la conexión íntima que se da inesperadamente entre dos personas, sino que esta circunstancia constituye, de hecho, la premisa de sus cuatro películas hasta la fecha:El periodista David Lipsky acompañó y entrevistó a Wallace durante una gira promocional de 'La broma infinita', experiencia que refleja el filme

Off the Black (2006), entre un hombre maduro destruido (Nick Nolte) y un adolescente con toda la vida por delante (Trevor Morgan); Smashed (2012), en menor medida, entre una joven alcohólica (Mary Elizabeth Winstead) y una compañera de adicción (Octavia Spencer); The Spectacular Now (2013), entre dos adolescentes (Miles Teller y Shailene Woodley); y, como digo, The End of the Tour, cuyos elementos y estructura guardan más parecido con la primera que las demás.

Todas ellas son dignas y humildes, sin una sola virguería visual salvo pequeños detalles, obstinadas en no distraer al espectador de su objetivo narrativo; tanto que la banda sonora es escasa y sólo en contadas ocasiones sirve para tocar de veras nuestro ánimo. Y en todas hay buena cantidad de cerveza, y un personaje principal que bebe demasiado o sufre alguna adicción.Jason Segel interpreta a Wallace de una forma sorprendente de tan inesperada

Pero no hay duda de que The End of the Tour cuenta con los diálogos más complejos de las cuatro, siguiendo la lógica del nivel cultural de Lipsky y Wallace y su mutua vocación literaria, así como las conversaciones recogidas por el primero; y el guionista, Donald Margulies, hace un buen trabajo de adaptación para mostrar las preocupaciones y hasta las obsesiones de Wallace, interpretado de una forma sorprendente de tan inesperada por Jason Segel, a quien conocíamos por la sitcom televisiva How I Met Your Mother (Carter Bays y Craig Thomas, 2005-2014).

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Jason Segel y Jesse Eisenberg en 'The End of The Tour - Modern Man Films, Anonymous Content, Kilburn Media

La película nos enseña a un Wallace solitario, que vive con la única compañía de sus dos perros, Drone y Jeeves, y antes de que hable de ella, sabemos que su soledad es, en principio, involuntaria, y después, asumida; le vemos inseguro, angustiado por la posibilidad de dar una impresión frívola y equivocada de lo que pretende con su labor; e intuimos fácilmente que es infeliz.

No nos extraña, por otro lado, la lucidez de sus novelas y ensayos, en los que racionaliza el absurdo de los comportamientos cotidianos en la sociedad posmoderna con un realismo histérico, al comprobar el juicio implacable, a veces difícil de seguir, con el que discurre tratando cuestiones literarias con Lipsky.Lipsky le señala a Wallace que a los lectores no les interesa lo que escribe un tipo normal, como se pretende el novelista, sino sus obras geniales

Llama la atención que un literato al que sus lectores y la crítica califican de genio luzca un aspecto tan informal, e incluso que él mismo se considere un individuo de una normalidad manifiesta, categoría de los protagonistas del resto de los filmes de Ponsoldt. Pero hay un momento en que Lipsky (Jesse Eisenberg) le señala que a los lectores no les interesa lo que escribe un tipo normal sino sus obras geniales; y esto nos hace acordarnos de lo que decía el personaje de Octavia Spencer en Smashed acerca de que “nadie es normal”.

Y en este encuentro de estos dos escritores también surge el conflicto, y uno claramente envidia y teme aquello que el otro demuestra tener y de lo que uno carece, en ambas direcciones; y uno sabe que, pese a todo, haber establecido una conexión intelectual les lleva a establecerla emocionalmente. Porque los sentimientos se encuentran en el cerebro y no el corazón; lástima del que perdimos cuando David Foster Wallace resolvió que no podía más; una pena todas las palabras maravillosas de las que esa decisión nos habrá privado.

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